La "Matriz del Cambio" y los Títeres de Uribe

La "Matriz del Cambio" y los Títeres de Uribe

Cuando la Farsa de la Unidad Esconde el Mismo Proyecto de Siempre

La campaña de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo ha logrado lo que parecía imposible: venderle al país una coalición de derecha como si fuera una vanguardia política. Le han puesto el nombre de "Gran Consulta por Colombia", hablan de "caminar entre distintos", de "cicatrices" y de "propósitos comunes". Lo llaman, con una audacia digna de los mejores publicistas, la "matriz del cambio". Pero cuando se rasga la cortina de humo del marketing electoral, lo que aparece detrás no es nada nuevo. Es el mismo rostro del uribismo de siempre, con sus mismas obsesiones, sus mismos métodos y sus mismos intereses.

La pregunta que debe hacerse Colombia es sencilla pero aterradora: ¿quién va a gobernar realmente si esta fórmula llega a la Casa de Nariño? ¿El "hombre de datos" independiente o los mismos sectores que han bloqueado la paz, hundido las reformas sociales y defendido el modelo económico del expolio? La respuesta, para quien mire más allá de la puesta en escena, es tan clara como inquietante: los títeres de Uribe seguirán moviendo los hilos, y esta vez lo harán con la cara amable de un tecnócrata prestado.

Paloma Valencia: La Lealtad Inquebrantable al Jefe

La entrevista en CAMBIO dejó una confesión que debería helar la sangre a cualquiera que crea en este proyecto como un verdadero cambio. Cuando el periodista pregunta por sus referentes, Paloma Valencia no duda ni un segundo: "Uribe es mi papá político", dice. Y no se queda ahí. Lo defiende con una vehemencia que raya en la devoción religiosa: "Yo lo admiro mucho". A lo largo de la conversación, justifica el legado del expresidente, reivindica sus políticas sociales —como si hubieran sido un favor y no una obligación del Estado— y, lo más grave, señala con claridad que su modelo de país sigue siendo el que diseñó el uribismo hace dos décadas.

Esta no es una declaración menor. En un país donde Uribe es una figura profundamente polarizadora, donde sus vínculos con el paramilitarismo han sido documentados por la justicia, y donde su gobierno sentó las bases de la exclusión política y la persecución a la oposición, que una candidata presidencial se declare abiertamente su heredera es una declaración de principios. Los principios del uribismo: seguridad como excusa para la militarización, Estado mínimo para los pobres y generoso para los ricos, y una oposición visceral a cualquier acuerdo de paz que no implique la rendición incondicional del adversario.

Oviedo: El Escudo Humano que Legitima la Operación

¿Y qué papel juega Juan Daniel Oviedo en esta película? El de la "buena conciencia" de la derecha. El de la figura técnica, independiente, que viene del mundo de los datos y no de las trincheras políticas. Su función es clara: prestarle su credibilidad a un proyecto que, sin él, sería simplemente "la candidata de Uribe".

Mira, no es tan radical, hasta un homosexual progresista la acompaña

Pero Oviedo no es un títere inocente. Es un títere consciente. Sabe que al sentarse en esa mesa está validando todo lo que Valencia representa. Sabe que su presencia permite que medios y sectores de centro digan: "Mira, no es tan radical, hasta un homosexual progresista la acompaña". Lo que no dice la foto es que, en las decisiones de fondo, él no tendrá poder.

Cuando el periodista presiona a Valencia sobre qué pasaría si ella quisiera presentar un proyecto para prohibir la adopción homoparental, Oviedo solo atina a decir: "Va a ser muy difícil que ese tipo de proyectos suceda". No dice "yo me opondré". No dice "es mi línea roja". Dice que será "difícil". Esa es la medida de su poder real: un hombre que no puede defender sus propios derechos existenciales dentro de la coalición, difícilmente podrá defender los derechos del pueblo colombiano frente a la maquinaria uribista.

Las Decisiones Profundas: ¿Quién Manda de Verdad?

Imaginemos por un momento que esta fórmula gana las elecciones. Colombia tendría a una presidenta que admira a Uribe y que ha votado sistemáticamente en contra de las reformas sociales. Tendría a un vicepresidente que promete ser el "mejor vicepresidente de Paloma". ¿Quién toma las decisiones importantes?

  • En materia de paz: Valencia ya ha dicho que quiere reformar la JEP por la vía constitucional. Su discurso sobre la "fuerza pública" no es un tecnicismo; es la puerta de entrada para desmantelar el sistema de justicia transicional. Oviedo habla de "acompañar con recursos", pero si Valencia impulsa una reforma, él no tendrá cómo detenerla. El resultado: las víctimas seguirán esperando justicia mientras los militares involucrados en falsos positivos encuentran una salida.
  • En materia económica: Valencia es clara en su defensa del modelo de Uribe: subsidios focalizados, no derechos universales. Su obsesión por el "déficit fiscal" y por "no dejarles deuda a los pelados" es la misma cantaleta de siempre para bloquear cualquier inversión social que no pase por el filtro de los empresarios. Oviedo podrá hablar de formalización y de tecnología, pero el presupuesto nacional, las prioridades de gasto y las alianzas con el sector privado las definirá la presidenta.
  • En materia de derechos civiles: Ya lo vimos. Oviedo no podrá impedir que su propia compañera de fórmula califique su deseo de ser padre como algo cuestionable. ¿Qué esperanza le queda a una mujer que quiera abortar, a un joven trans que quiera ser reconocido en su colegio, o a una pareja diversa que quiera adoptar? Ninguna. Porque la persona que firmará las leyes, la que nombrará a los ministros de educación y salud, la que definirá la política pública, es la misma que dice que la "ideología de género" es una apología peligrosa.

Conclusión: La "Matriz del Cambio" es la Matriz del Engaño

Lo que Valencia y Oviedo ofrecen no es un cambio. Es una operación de maquillaje para reciclar un proyecto político que el país ya conoce y que, en buena medida, ya rechazó en las urnas. El uribismo perdió el poder, pero no perdió la esperanza de recuperarlo. Y para eso necesita caras nuevas, discursos moderados y alianzas "imposibles".

Juan Daniel Oviedo es la carta de presentación de una derecha que no ha cambiado ni un ápice. Su presencia en la fórmula no modifica en nada el hecho de que, si esta coalición gobierna, quien realmente tendrá el poder para decidir sobre la paz, la economía y los derechos será Paloma Valencia. Y Paloma Valencia no responde ante los ciudadanos de a pie; responde ante su jefe político, ante su "papá", ante el mismo uribismo que nos hundió en la guerra y la desigualdad.

La "matriz del cambio" es, en realidad, la matriz del engaño. Y los colombianos harían bien en no tragar entero. Porque detrás de los títeres, quien sigue moviendo los hilos es el mismo de siempre. Y esta vez, quiere hacerlo con la cara sonriente de un tecnócrata al que han vestido de vicepresidente para que nadie note que el proyecto es el mismo: el de siempre, el de ellos, el que nunca ha gobernado para el pueblo.